martes, 19 de abril de 2011

Edwin piernas de cerro

 Edwin baja todas las mañanas de la montaña por senderos pantanosos y bosques de coníferas con grandes dimensones bajo la sombra de los aguacates y las naranjillas; trajina con una bolsa de alpillera en la espalda donde trae sus tuberculos ansioso por llegar al centro de investigación en mariposas. En la Llacta de Picchu vive desde niño, en una quebrada que le dejó su abuelo antes de irse para que la cuide, el fue quién le enseñó a recoger orquideas del campo y las montañas, las que colecciona en el bosque de la quebrada donde ha hecho su rancho de palos y chapa. La quebrada se encuentra en un valle al frente de las ruinas de Mcchu Picchu, se puede acceder desde la ciudad de Aguas Calientes que se encuentra en la base del lugar sagrado. En “la finca” como la suele llamar tiene una gran cascada, una cueva del “abuelo” y un bosque con una colección de orquideas, cientas de orquideas con infinitas flores por todo el bosque. También hay algunos jeroglíficos y una casa del árbol de la que ya no se recuerdan los años que tiene construida en el desfiladero desde donde se divisa el valle. Edwin se para en el techo de la casa del árbol y señala el arroyo que va surcando el valle doscientos metros abajo, se ríe con vergüenza al reconocer que nunca bajó hasta el río en esa dirección, más tarde se vuelve a reír cuando se acuerda que desde que tiene memoria nunca vió a nadie caminar por ahí abajo, ni a su abuelo ni a su padre, nunca nadie bajó hasta el río y por eso hoy el lugar se mantiene intacto de la presencia humana.

Edwin tiene dieciocho años y ya lleva tres vivendo solo en la finca de veinte hectáreas y en las otras hectáreas de cerros libres sin alambre donde hace cincuenta años se estableció su abuelo; el abuelo que vivía en una cueva. Y donde se crió su padre hasta que se fué a trabajar en los cafetales para nunca mas volver; el joven nos cuenta que los únicos papeles que tiene de la posesión de sus tierras desde hace cincuenta años son los aguacates que sembró su abuelo cuando vivía en una cueva de la montaña.

El joven camina entusiasmado por el bosque a las seis de la mañana buscando algún vacío en el techo de hojarasca del bosque para poder divisar el sol que sale para iluminarlo, lo encuentra entre las montañas y las ramas, para luego quedarse con los ojos cerrados sintiendo la tibieza del Inti Sol. El mismo Inti Sol que iluminara siglo antes al gran Pachacutec transitando por esos valles buscando una nueva respuesta para el reino Inca del Sol, quién sabe que rastro de historia y presencia divina ha quedado en ese valle y que de tanta cultura india guarda Edwin en su sangre.

Desde la pequeña terraza donde tiene su casa se puede ver el Huajna Picchu y los otros dos cerros que lo escoltan allá arriba donde están las ruinas. Dice que los tres cerros representan tres estados del hombre: Janapacha, Ujupacha, y Caipacha. Algo que se refiere al pasado, presente y futuro; a la tierra, el cielo y el plano medio donde habita la vida terrestre; o también a la garra del leopardo, la culebra y las uñas del águila. La visión triple que ellos veían y fundían a cada instante para comprender la realidad. En Macchu Picchu es representada por “Las tres ventanas”, un pequeño albergue que mira al Huajna Picchu con la misma visión triple que los caracteriza, el trialismo; la matríz de la búsqueda de conocimiento Inca.



Los relatos de Guaman Poma de Ayala resuenan en las amenas charlas del centro de investigación en mariposas que se encuentra en la base de la escalinata para acceder a la ruina junto al camping de Aguas Calientes. Este es un espacio creado por los habitantes del lugar autoconvocados que trabajan desinteresadamente por el bien común, como todavía no está habilitado trabajan informalmente y no cobran por las visitas. Eso si, comprometen a cada visita con un paseo por la Finca, o un sabroso ají de fideo. Mariano un joven emprendedor de la ciudad que está a cargo de la normalización dice que los nativos del lugar están en serios problemas hace ya varios años, los capitales chilenos que se van asentando en el sitio para colocar hoteles, restaurantes e invertir en todo aquel negocio generado por la inmensa atracción del sitio arqueológico, los empuja de la región para irse cada vez más lejos, y el capital que se apropia de la tierra deja a los herederos del Inca una vez más sin territorio, no es una historia que se repite sino la que se mantiene desde aquellos años donde recibieron las visitas de los conquistadores europeos.

Las ruinas de Macchu Picchu reciben alrededor de cinco mil turistas diarios, todo el mundo ha pasado y pasa por el lugar a diario, investigadores, empresarios, militares, curas, artistas, políticos, papachos y libre pensadores. Hay una ciudad moderna hija de una ciudad antigua, Aguas Calientes se parece a una colectividad europea en medio de la cordillera de Los Andes.



Llega la tarde y Edwin comienza la caminata de regreso a la finca, sin antes pasar a buscar unos litros de chicha por lo de una mamita que lo recibe en el living de su casa, el ya sabe que esa tarde hay chicha porque han colgado una bandera naranja en la puerta, y ahí adentro entre las paredes negras por el humo se sienta en un tronco y mira la pila de barro fermentando el estracto que está al lado del fuego deabajo de un agujero en el techo para que tanto humo respire. Mientras va preparando la bebida intercambian unas palabras en quechua y le ofrece un vaso que contiene un litro de chicha para amenizar la espera, Edwin se sienta en un tronco y se toma el litro de chicha con gran velocidad mientras piensa en su tierra, en plantas de poder que dejó sembradas en el cerro y que un papacho vendrá en esos días a cosechar, una visita anunciada en un encuentro del que participó hace varias lunas.

Las plantas del lugar lo acompañan todos los días, y en las conversaciones que tiene con los ancestros que por las noches le anuncian y lo guian desde niño, siempre le recomiendan que siga juntando orquideas y que todas las mañanas tome un baño en la gran cascada de su casa, que aprenda a recibir la energía de tantos seres vivientes que habitan a su alrededor y se comunique con ellos a través del remedio que le enseñara a preparar su abuelo que vivía en una cueva.

Hay dos brujas que también se comunican con él, primero se presenta una bastante anciana que transmite sus mensajes directamente con imágenes que recibe en su mente y sabe todo lo que pasa y pasará pero no puede hacer nada, mientras que la otra simplemente acecha en el presente a la presencia divina que le habita, dialogan un rato y se marcha cuando lo cree necesario, generalmente se la pasa realizando trabajos de ayuda y sanación en las ciudades.

Después de recibir el Sol en su frente para que lo ilumine Edwin toma una gran vara que utiliza para sacar una naranjilla del árbol y recuerda una anécdota graciosa. Una vez hace ya muchos años su padre vendió el cerro a un extranjero que lo compró sin conocer las propiedades esotéricas del lugar; el extranjero nunca pudo habitarlo sin explicarse por qué, su padre estuvo viajando varios años por la selva y cuando volvió todo estaba igual que siempre, la casa del árbol, los aguacates y la cueva del abuelo. Quizá no sabía que ellos son guardianes del lugar servidores de la Madre Tierrra, y que como todo guerrero su riqueza no es el dinero. Vuelve a la casita de chapa que está arriba de una meseta donde se divisa el valle en su totalidad y comienza a prender el fuego para preparar un aguapanela con platano asado. Edwin generalmente prepara trucha a la plancha con morrones y cebolla, o sopa de fideos con algunas verduras, come miel por las mañanas y naranjillas que le gustan todos los días.




Hace el desayuno y vuelve a caminar como todas las mañanas para cumplir con su gran labor en el centro de investigación en mariposas, hoy será un día de mucho trabajo: trasplantar, regar y armar canteros, como todos los días tiene mucho trabajo. Dice que las mariposas solo habitan en los lugares máximamente purificados al igual que las truchas, y por eso trabaja todos los días. Recibe investigadores de las más importantes academias del mundo y conversa con ellos sobre el asunto, mira el camino de las hormigas y se sorprende con su organización mientras recuerda que por eso eligió trabajar en ese lugar; porque al igual que la truchas y las mariposas Edwin escoge solamente los hábitat máximamente purificados.

Juan Yacobs



“Aunque tengas algún dinero, nunca te hagas el cordillera,

que en la vida rutera

hasta el que se cree el más grande

se para al lado de los Andes y es un enano cualquiera.”



“Somos pocos, pero cada vez somos más.”

en la casita del árbol


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